Cocina de autor, comida muy pomposa para gente muy pretenciosa.

La oferta gastronómica  en Bogotá está sumida  entre la vanidad y el conformismo.  Antes de continuar, aclaro, es cierto que la apertura de nuevos restaurantes en la ciudad trajo consigo nuevos sabores y como le llaman algunos «experiencias», pero seguimos siendo un país atrasado en cuanto a temas culinarios se refiere.

El letargo de los administradores, chefs y comensales en cuanto a la exigencia, rigurosidad y peor aún en la innovación de los platos es evidente. La competitividad de  los restaurantes bogotanos quedó resumida a un posicionamiento de marca y  «un buen ambiente» dejando de lado la exquisitez y dedicación de cada uno de los menús.

En el Perú, un país que nos lleva la delantera en cuanto a literatura, arte, economía  y sobre todo gastronomía, por unos cuantos soles se puede degustar el mejor ceviche del mundo con ingredientes de primera. En Bogotá un ceviche  en Astrid y Gastón vale 10 veces más y ni siquiera sabe igual.

Con esto  quiero demostrar lo pretensiosos que siempre hemos sido los bogotanos y que se refleja en nuestra forma de ser críticos frente a diversos temas que conforman nuestra realidad. Por eso antes de pagar 20.000 pesos por un jugo de mandarina en uno de los restaurantes de la «T» o de la «G» recuerde que en miles de fincas colombianas ésta fruta se pudre porque nadie la cosecha,  o si va a tomarse una cerveza en un  «PUB» no porque este decorado como un local inglés, toca pagar en Libras Esterlinas.

Esteban Ramírez.

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