Archivos Mensuales: agosto 2011

Cocina de autor, comida muy pomposa para gente muy pretenciosa.

La oferta gastronómica  en Bogotá está sumida  entre la vanidad y el conformismo.  Antes de continuar, aclaro, es cierto que la apertura de nuevos restaurantes en la ciudad trajo consigo nuevos sabores y como le llaman algunos “experiencias”, pero seguimos siendo un país atrasado en cuanto a temas culinarios se refiere.

El letargo de los administradores, chefs y comensales en cuanto a la exigencia, rigurosidad y peor aún en la innovación de los platos es evidente. La competitividad de  los restaurantes bogotanos quedó resumida a un posicionamiento de marca y  “un buen ambiente” dejando de lado la exquisitez y dedicación de cada uno de los menús.

En el Perú, un país que nos lleva la delantera en cuanto a literatura, arte, economía  y sobre todo gastronomía, por unos cuantos soles se puede degustar el mejor ceviche del mundo con ingredientes de primera. En Bogotá un ceviche  en Astrid y Gastón vale 10 veces más y ni siquiera sabe igual.

Con esto  quiero demostrar lo pretensiosos que siempre hemos sido los bogotanos y que se refleja en nuestra forma de ser críticos frente a diversos temas que conforman nuestra realidad. Por eso antes de pagar 20.000 pesos por un jugo de mandarina en uno de los restaurantes de la “T” o de la “G” recuerde que en miles de fincas colombianas ésta fruta se pudre porque nadie la cosecha,  o si va a tomarse una cerveza en un  “PUB” no porque este decorado como un local inglés, toca pagar en Libras Esterlinas.

Esteban Ramírez.

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Propaganda negra, ataca de nuevo

Se viene repartiendo en la calle un pasquín especializado en difamar la alcaldía del ex alcalde Enrique Peñalosa, presentando cifras presuntamente verdaderas que se usan de manera tendenciosa para tapar parte de la realidad. A continuación explicaré el por qué estos planfetos hacen parte de la ya aconstumbrada propaganda negra.

Sobre el pasquín de “El Carrusel Millonario”

Durante la alcaldía de Enrique Peñalosa se inició la construcción de una ciudad más humana e igualitaria con una profunda concepción de lo público, que primó sobre todos los demás proyectos. Esto no sólo entendido desde la idea básica de que lo público está dirigido a una clase social en especifico, sino la creación de espacios de convivencia para todos los habitantes de la ciudad, tratando de terminar con las ideas excluyentes. Así la creación de espacios específicos comunes de convivencia, que en esta ocasión son los parques, resulta vital, debido a que son estos en donde la conjunción y la sinergia de la exclusión del concepto de clases entre los ciudadanos se ve más claramente, ¿quién podría acaso dudar que en los parques públicos de hoy en día, no conviven todos los ciudadanos en una relativa paz?

En este sentido me referiré al artículo “el carrusel millonario” que para mi concepto es un pasquín, en contra de la política de Enrique Peñalosa sobre su gestión en los espacios públicos representada en los parques. Dicho artículo trata acerca de supuestos favoritismos en pro de colectivos y personas específicas. En un principio se habla del aumento en el presupuesto de los parques en donde el autor afirma que es una de las formas de desfalcar al Distrito. Hoy en día Bogotá es una ciudad en la que el espacio público es de carácter ecológico, tiene una prioridad  por encima de otras políticas, puesto que este espacio público es usado por la mayoría de los bogotanos que transitan las calles, una parte más de la profunda concepción de una ciudad más digna que resulta necesaria para generar  calidad de vida, al contrario de lo que afirman en el artículo, donde aseguran que es usado para enriquecer a unos pocos.

Este punto específico de la columna  no hace relación alguna a cual fue el aumento del presupuesto para tales fines, en vez de eso, critica como se aplicó el mismo. La ejecución del presupuesto durante el mandato de Peñalosa fue tremendamente efectiva, destacándose inversiones como la realizada en el parque El Salitre, la renovación del Cementerio Central, el Jardín Botánico, el parque El Virrey entre muchos otros, que no sólo ayudaron a tener una ciudad más amable, ecológica,  sino que también aumentaron la calidad de vida de millones de bogotanos de todos los estratos y,  sirvieron de engranaje social para la clase media y sus distintas ramificaciones.

Son entendibles  los ataques directos hacia Enrique Peñalosa, por su claro favoritismo en las recientes encuestas, además por la alta aceptación que está teniendo dentro de todos los sectores sociales en esta nueva campaña electoral. Lo que no es entendible es que se difame el buen nombre de un candidato sin dar una sola prueba cierta y utilizando información malversada y tendenciosa para obtener un beneficio político único, una campaña de desprestigio que no prosperará  debido a que al final siempre esperamos que triunfe la verdad.

JAFV

La Ola Verde.

La inscripción de la candidatura de Antanas Mockus a la alcaldía mayor de Bogotá, deja debilitada,  pero no acabada, a lo que se le denominó “La Ola Verde”. Un valiente intento para cambiar las viejas prácticas políticas, en el que millones de personas en todo el país participamos para lograr ese objetivo. Este fenómeno aún sigue vivo en muchos de nosotros, pero parece ser más  una quimera que una realidad.

En un sistema político como el colombiano donde los caudillismos están a la orden del día, sumado a unos partidos políticos débiles sin un norte ideológico y con los fundamentos doctrinarios totalmente resquebrajados, sólo nos espera la aparición de múltiples personalismos.  Esto quedo reflejado tras la salida de Antanas Mockus del Partido Verde, según él, por la alianza entre este y el Partido de la U.

Con la salida de Mockus, llegó una serie de renuncias de sus seguidores, como era de esperarse, quienes reclaman La Ola Verde como suya: esto no es una cuestión de patentes, ni de marcas registradas. ¡Qué estupidez!¡Ahora resulta que la mayoría de seguidores del Partido Verde éramos seguidores de Antanas! No. En nuestro Partido, el Partido Verde hay gente de todo tipo: militantes de “Compromiso Ciudadano”, personas de la fundación “Por el País que Soñamos”, jóvenes que creyeron en la consigna de una “Bogotá Sin Indiferencia” y, además, miles de personas del común que creyeron en proyecto. De este sueño hacemos parte todos y cada una de las personas del Partido que hizo posible que esa “Ola” existiera. La Ola Verde es una obra de muchos, de miles, no de unos pocos y es de gallardos reconocer el trabajo en equipo, a pesar de las circunstancias.

En el momento en que se dejaron a un lado los intereses personales por buscar el bien general, y, sobre todo, el de sacar a Bogotá de la deprimente situación en la que se encuentra por culpa de los corruptos, se buscaron alianzas con distintos sectores para hacer partícipes a personas y partidos para que se unieran al compromiso en contra de las viejas prácticas políticas. Los egos salieron a relucir y la “Ola” se convirtió en un club privado, en donde sus autodenominados voceros condenan a aquellos que piensan distinto y esto dio un giro como el peor de los totalitarismos.

Palabras como vendidos, ladrones, vendedores de la Constitución se volvieron pan de cada día, calificativos alejados de la realidad. La “Ola” sigue siendo de personas del común que todos los días trabajan por un mañana un mejor porvenir. Los errores de unos pocos en gobiernos anteriores no quieren decir que todos seamos iguales. El silogismo parece ser la forma más fácil de actuar. Pero existió una excusa para irse, porque siempre es mejor destruir que construir (¡qué irónico! en las pasadas elecciones se luchó contra esto).

Por esta razón, la “Ola Verde” es un grupo de miles de personas quienes, independientemente de su raza, religión o partidos político, creen que se puede vivir en un país  donde la corrupción y la ilegalidad no tienen cabida en la sociedad. Los principios éticos están sobre los intereses personales. Por eso si alguna persona se rige bajo estas premisas, ya hace parte de la “Ola Verde” porque este es un sueño de cuarenta y cinco millones de colombianos y no de unos pocos egocéntricos en busca de protagonismo.